Embrutecido por la casposidad de unos textos que ya no sorprenden a nadie, el humor mediático no pasa por buenos momentos. La masa mantiene su respaldo al manoseado formato del mónologo, fabricado en serie por la televisión y receptor de aplausos y risas destinadas al olvido inmediato. Los Golden pertenecen a otra escuela, a millas de distancia de la anterior. Su humor es más elaborado y educado. Demuestran que no hay por qué recurrir al trazo gordo para emocionar en el más digno significado de la palabra. Nadie se podrá sonrojar o avergonzar de lo que sucede en el escenario, porque el respeto es una ley inquebrantable para estos cuatro artistas de San Sebastián.
Hablamos de humor, aspecto básico para los Golden, pero en realidad la mayor aportación del cuarteto de la manzana dorada siempre ha sido la musical. En ‘Los Golden en serio’, séptimo espectáculo en el historial del grupo,una estructura teatral sólida soporta lo que en realidad es un gran concierto encubierto. Una delicia para los amantes de la música ‘a capella’, arte que los Golden Apple Quartet, sobra decirlo, practican con maestría.
Como aplaudida novedad, ‘Los Golden en serio’ navega entre géneros estilísticos que, en un principio, poco tienen que ver con el grupo. Durante la hora y media que dura el distendido espectaculo se guarda hueco para la ópera, el flamenco o el arte de las marionetas, con un homenaje sorprendente a los Beatles. Los números musicales de los cuatro intépretes se introducen sin dificultades, culpa de un guión, obra de Carlos Zabala, sin tacha alguna, exquisito, serio y respetable, bajo la direccion de Patxi Barco.
Gozó además el espectáculo de un hecho poco habitual: un epílogo redondo y directo. Buen ejemplo para aquellos que todavía no saben cerrar un acto de estas características. Un ‘collage’ de canciones, que iban desde ‘El corazón partío’ de Alejandro Sanz al ‘Life’ de Des’ree o la ‘Macarena’ de Los del Río, puso la alfombra a un tema cantado en euskera y a una despedida con los aplausos de agradecimiento del publico puesto en pie.

Los Golden en Serio
Fecha: Viernes, 1 y Sabado 2 de septiembre 2006.
Lugar: Auditorio Baluarte, Iruñea/Pamplona.
Intérpretes: The Golden Apple Quartet, cuarteto integrado por Eduardo Errondosoro, Kike Ochoa, Loyola Garmendia y Manuel Romano.
Incidencias: Muy buena asistencia, público que aplaudió con fuerza en todo momento. Pase de hora y cincuenta minutos de duración.
A punto de cumplir veinte años sobre los escenarios, The Golden Apple Quartet recaló en Baluarte con un nuevo espectáculo bajo el brazo, Los Golden en serio , un show en el que, con la excusa de reconducir su carrera hacia una pretendida seriedad, ofrecen sus nuevas creaciones músico-vocales derrochando, como no podía ser de otro modo, nuevas dosis de ingenio, juegos de palabras y humor. ¿El resultado? Pese a sus presuntas -y serias- intenciones... los Golden en estado puro. Un cuarteto plenamente inspirado que, tal y como acostumbra, conectó sin problemas con el público.
Ataviados con trajes negros, camisas blancas y unas estrambóticas gafas-colador que les daban cierta apariencia de insectos, así comparecieron... ante la presunta desesperación del presentador, Kike Ochoa, quien en estos primeros momentos parecía esforzarse por presentar la supuesta nueva línea del cuarteto. Pero allí no había nada que hacer, tal y como, entre zumbidos, mostraron desde el primer número ofrecido, El vuelo del moscardón.
Así pues, y a indicaciones de Kike, hicieron como que se retiraban para comenzar de nuevo, lo que hicieron ofreciendo dos números... más en serio, ciertamente: bajo una iluminación tan sobria como eficaz, cantando e imitando a la perfección con sus voces los sones de una orquesta y entre comentarios como "hartos de chistes de todo a cien... la noticia es que a partir de hoy los Golden aparcan el humor", ricos en ironías sobre el pobre reconocimiento que reciben los humoristas, entre otros asuntos. Pero pronto se aburrieron de esa presunta seriedad, damos fe: así lo dejó entrever el "vaya coñazo" que retumbó en la sala tras el tercer número ofrecido, proferido por uno de los cantantes y reforzado por otro con la siguiente expresión: "canto tres canciones seguidas de ésas y me entra una depresión de cantautor argentino que te cagas".
Así las cosas, a las primeras de cambio se vio en qué iban a quedar las supuestas intenciones de cambiar de chip: en pura agua de borrajas, no más, como los buenos propósitos que acostumbramos a hacer por estas fechas: y es que, a una con septiembre, ¿no habrán sido víctimas los Golden de los deseos de cambio a los que parece invitar dicho mes? Tal vez...
Y a partir de aquí, con la maestría y la seriedad acostumbrada (hacer humor requiere más seriedad que otra cosa, por cierto) fueron sucediéndose los gags, que trajeron desde parodias de clases de solfeo (feo, feo) hasta aires de juerga flamenca, intentos de hacer ópera, música clásica, de cantar en inglés o un histriónico bolero, antes de terminar parodiando los teatrillos de marionetas, homenajeando a los años 60 más hippies y a los Beatles, vía Yesterday.
Claro, como la cosa, a pesar de todo, se titulaba En serio , tampoco faltaron interpretaciones de esta guisa, como un popurrí de BSO legendarias o la versión del Oh, Pello, Pello con la que terminaron, interpretada de forma magistral.
Los Golden en serio... mas no tan en serio. En su línea, más bien, he aquí lo que deparó la representación ofrecida, a camino entre el teatro y el musical: toda una demostración de arte, talento y compenetración llena de humor. Gustaron mucho. Muy bien.
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SEGOVIA | Domingo, 21 de marzo
de 2004
Crítica de Teatro
LA MANZANA DE LA CONCORDIA
JOSÉ A. G. MUNICIO
Érase una vez...17 años golden
Grupo: Golden Apple Quartet.
Intérpretes: Eduardo Errondoso, Loyola Garmendia, Enrique
Otxoa y Manuel Romano.
Teatro Juan Bravo.
FRENTE a las reminiscencias pecaminosas
o negativas (no es lo mismo) que ha tenido la manzana a lo largo de
la Historia, del engaño de Eva a la discordia de Paris por
ver quien era la mas bella del mundo mundial, The Golden Appel Quartet,
es decir, el cuarteto de la manzana golden, ofreció a los espectadores
del Juan Bravo un espectáculo que fue una fiesta. Los cuatro
componentes del grupo vocal y actoral crearon un ambiente intenso
en el teatro, digno de las mejores ocasiones. Fue de esas noches en
las que se nota que al público le cuesta trabajo irse, que
no hubiera pasado nada si el montaje se prolongara media hora más.
Y la verdad es que esa sensación no es muy frecuente.
Y no crean que su propuesta se conforma con ser un montaje correcto,
que cumpla, sustentado sólo sobre las probadamente eficaces
voces de los cuatro miembros del grupo. No, el espectáculo
de Golden está lleno de sutilezas, es un prodigio de precisión
y encima está excelentemente realizado desde el punto de
vista técnico. Discípulos aventajados de los maestros
Les Luthiers (hay una jocosa referencia al grupo argentino, invirtiendo
irónicamente la realidad, haciendo que los creadores de Johan
Sebastian Mastropiero sean los seguidores de su senda, y no al revés),
no tienen su carga casi cultista, pero no por ello su montaje deja
de estar lleno de guiños a la cultura musical y popular.
El panorama de sus referencias va desde los clásicos americanos
del music hall, la música de cine, por supuesto, el bolero,
el godspell, el tango y un largo etcétera. Y encuentran siempre
el equilibrio entre lo musical y lo humorístico, haciendo
reir al espectador, pero de manera inteligente y sin meterse con
casi nadie.
Muchos años on the road
El espectáculo, concebido como una antología de diecisiete
años de historia on the road, es decir, en gira continua,
está estructurado a la manera de un musical clásico
que recuperara la historia del grupo, una especie de biopic de posguerra.
Pero además esa estructura está enriquecida con la
presencia de una voz en off, heredera directa de ese narrador americanizada
que acompañaba algunas películas e incluso los dibujos
animados de la Warner, que eran doblados con el mismo tono para
todo el mundo hispano hablante.
Esta voz en off es un acierto narrativo de primera magnitud porque
consigue ser el hilo conductor que sujeta sólidamente toda
la estructura de la obra, y permite encajar en él todos los
números, a pesar de su disparidad, sin que haya grandes disonancias
y sin que dependa del día que tenga el actor responsable
de comunicar con el público. También así, es
cierto, la exigencia vocal disminuye algo, lo que permite cierta
flexibilidad a los cantantes; es decir, que no tienen por qué
ser Pavarotti, aunque desde luego hay que tener talento, oído
y gracia para hacerlo como lo hacen.
Al mismo tiempo la voz en off da lugar a hilarantes números
llenos de humor, y no el menos divertido es uno de ellos en el que
aparece incluso la voz de... ¿¿José Luis Moreno!!,
que en un ejercicio de ironía autoparodia su hiperbólico
estilo de presentador excesivamente generoso con todos sus, entre
comillas, artistazos. Hay mucho de parodia en el montaje de los
Golden, y para que ésta funcione, es necesario no sólo
que los miembros del grupo canten, que lo hacen, sino también
que interpreten. Y también son capaces de hacerlo sin que
chirríe por ningún lado.
La selección de números (muchos inolvidables: el concierto
de campanillas, la versión del Contigo aprendí, la
de Englishman in New York de Sting...) culmina con el antológico
y casi vocalmente acrobático número de la radio, en
el que se van sucediendo las distintas melodías que encontramos
en un rápido recorrido por el dial, de una ranchera a una
canción de Raphael pasando por una retransmisión deportiva
y sin olvidar un hit de pasión racial de Rocío Jurado.
Lo dicho, divertidísimo.
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